Decía que odiaba el drama… pero él era la temporada completa
Hay personas que llegan a tu vida diciendo que no soportan el drama.
“No me gustan los problemas.”“Yo soy súper tranquilo.”“Odio las discusiones.”
Y tú piensas: Perfecto. Un adulto emocionalmente estable.
Tres semanas después estás intentando entender por qué dejó de hablarte porque tardaste 17 minutos en responder un mensaje.
Resulta que no odiaba el drama.
Odiaba el drama cuando no lo dirigía él.
El que dice que no quiere problemas… decia que odiaba el drama
Hay gente que tiene un talento impresionante para crear exactamente aquello que asegura detestar.
No quiere discusiones, pero hace comentarios para provocarlas.
No quiere celos, pero desaparece misteriosamente y después pregunta por qué estás molesta.
No quiere complicaciones, pero convierte una conversación de cinco minutos en una investigación de tres días.
Y cuando finalmente reaccionas:
“¿Ves? Por esto no me gustan las relaciones dramáticas.”
Perdón.
¿Quién escribió el guion?
Porque yo solamente vine a tomar café.

Todo está bien… hasta que dices algo que no le gusta
Estas personas suelen ser maravillosas mientras estés de acuerdo con ellas.
El problema comienza cuando tienes una opinión, un límite o —Dios nos proteja— una pregunta.
De repente una conversación normal se convierte en:
“Estás exagerando.”
“Siempre buscas problemas.”
“Yo no dije eso.”
“Lo entendiste mal.”
Y mi favorita:
“No quiero discutir.”
Una frase especialmente interesante cuando llega después de 45 minutos haciendo absolutamente todo lo necesario para empezar una discusión.
Desaparece y después regresa como si Netflix hubiera renovado la serie
Otra especialidad es desaparecer.
No necesariamente para terminar la relación.
Eso sería demasiado sencillo.
Desaparece el tiempo suficiente para que empieces a preguntarte qué pasó y, justo cuando recuperas la tranquilidad:
“Hola, perdida.”
¿Perdida?
Señor, usted fue quien desapareció.
Pero ahí comienza la nueva temporada.
Dos mensajes bonitos.Un poquito de nostalgia.Una promesa de que “esta vez será diferente”.
Y antes de que puedas terminar las palomitas, ya estás viendo el mismo episodio otra vez.
Dice que todas sus ex eran “locas”
Aquí merece la pena prestar atención.
Una ex complicada puede existir.
Dos, también.
Pero cuando absolutamente todas las personas que estuvieron antes fueron “tóxicas”, “dramáticas”, “celosas” o “locas”…
quizá necesitamos revisar quién aparece en todos los capítulos.
Porque si cinco restaurantes diferentes te expulsaron y tu conclusión es que todos los restaurantes están mal, tal vez el problema no era el menú.
La tranquilidad no se anuncia, se nota
La gente tranquila normalmente no necesita entregarte una presentación de PowerPoint explicándote lo tranquila que es.
Se nota.
Puedes hablar sin miedo a provocar una guerra mundial.
Puedes preguntar algo sin recibir tres días de silencio.
Puedes expresar que algo te molestó sin convertirte automáticamente en “la problemática”.
Eso no significa que nunca habrá discusiones. Toda relación tiene desacuerdos.
La diferencia es que un problema se intenta resolver.
El drama necesita mantenerse vivo.
Y un día finalmente entiendes algo
Quizá no eras demasiado sensible.
Quizá no estabas buscando problemas.
Quizá simplemente estabas reaccionando a una situación que cambiaba constantemente y tratando de encontrar lógica donde no había demasiada.
Y ahí llega una de esas realizaciones que duelen un poquito pero liberan muchísimo:
No tienes que demostrar que puedes sobrevivir al caos de alguien para demostrar cuánto lo quieres.
A veces la relación más tranquila comienza cuando dejas de participar en una que necesitaba un nuevo episodio cada semana.
Y si vuelve diciendo:
“No quiero drama…”
Cariño, primero pregúntale cuántas temporadas lleva. 😂

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